13 de septiembre de 2026
Ganesh Chaturthi: Ganesha y el arte de habitar el mundo
Ganesha: obstáculos, deseo y el arte de habitar el mundo.

Hay una imagen que, más que muchas otras, ha traspasado las fronteras de la India y se ha vuelto familiar también en Occidente: un cuerpo humano de vientre redondo, cuatro brazos y una gran cabeza de elefante.
Es Ganesha, una de las deidades más amadas del hinduismo.
Lo conocemos sobre todo como “aquel que remueve los obstáculos”. Y es verdad. Uno de sus nombres es Vighnahartā, aquel que remueve los impedimentos. Pero Ganesha es también Vighneśvara, el Señor de los obstáculos. No solo aquel que los remueve, entonces: en la tradición, Ganesha preside los obstáculos y también puede ponerlos en el camino.
Y aquí la cuestión se vuelve mucho más interesante, porque no todos los obstáculos son necesariamente nuestros enemigos. A veces algo nos impide avanzar porque vamos en la dirección equivocada. A veces lo que llamamos “bloqueo” nos obliga a detenernos, observar, aprender, cambiar de camino. Y a veces el obstáculo no debe ser eliminado: debemos ser capaces de atravesarlo.
El tiempo de Ganesha
Cada año, en el mes lunar de Bhādrapada, que en nuestro calendario cae generalmente entre agosto y septiembre, se celebra Ganesh Chaturthi, la festividad dedicada al nacimiento de Ganesha, este año cae el 14 de septiembre e inaugura el Ganesh Utsav, el período festivo dedicado a él. En muchas partes de la India, y de manera particularmente espectacular en Maharashtra, durante algunos días Ganesha entra en los hogares, en las calles y en los espacios públicos a través de estatuas de arcilla o imágenes creadas específicamente para la fiesta. Es recibido, se le ofrecen flores, luz, oraciones, comida y modak, los dulces tradicionalmente asociados a él. Se canta, se recitan mantras, se comparten comidas. Es ante todo una celebración religiosa y devocional. Para millones de hindúes, Ganesha no es un arquetipo o una hermosa metáfora sobre la superación de las dificultades: es una divinidad, amada y venerada.
Luego llega el momento del visarjan. Las murti temporales son acompañadas hacia el agua y sumergidas. La forma que durante días ha sido acogida, adornada, nutrida y venerada es devuelta a los elementos. El significado religioso de este gesto es más amplio que cualquier interpretación que podamos encerrar en pocas líneas. Y sin embargo, esa imagen también puede hablarnos: la forma es temporal. Lo que hemos acogido no tiene por qué permanecer para siempre para haber tenido valor. Dejar ir también forma parte del ciclo.
Ganesha no nos invita a huir del mundo
Hay, sin embargo, un aspecto de Ganesha que encuentro aún más fascinante: su relación con la vida concreta.
Ganesha es hijo de Shiva y Parvati. Existen diferentes relatos sobre su nacimiento y, en uno de los más conocidos, es Parvati quien lo crea y Shiva, después de decapitarlo, le devuelve la vida con la cabeza de un elefante. Pero más que buscar una fórmula única en su mitología, podemos observar lo que su figura pone ante nuestros ojos: Ganesha es una divinidad increíblemente "terrenal".
Tiene un gran vientre. Le encantan los dulces. Está asociado a la prosperidad, al conocimiento, al estudio de las artes. Se le invoca antes de un viaje, de un matrimonio, de un trabajo, de un estudio, de una nueva empresa, en cada nuevo comienzo.
No vive solo en el espacio de la meditación o la oración, entra en las cosas. En el hogar. En el trabajo. En el dinero. En la comida. En los proyectos. En las responsabilidades. En los deseos.
El problema no es poseer algo, es ser poseídos por lo que poseemos. El problema no es sentir placer, es volverse esclavo de él. El problema no es desear, es perdernos dentro de lo que deseamos. Quizás la materia es precisamente uno de los primeros lugares donde podemos aprender a estar presentes.
Un elefante que cabalga un ratón
Y luego, basta con mirarlo. Una gigantesca cabeza de elefante. Orejas enormes. Ojos pequeños. Un colmillo roto. Una trompa capaz de arrancar un árbol y, con la misma precisión, recoger algo minúsculo.
A lo largo de los siglos, cada elemento de la iconografía de Ganesha ha dado origen a diferentes interpretaciones. La cabeza del elefante se ha asociado con la sabiduría y el discernimiento, las grandes orejas con la capacidad de escuchar. Los ojos pequeños con la concentración. La trompa con la capacidad de unir fuerza y delicadeza, adaptando la acción a lo que tenemos delante. Luego está ese colmillo roto.
A Ganesha también se le llama Ekadanta, “aquel que tiene un solo colmillo”. Existen varios relatos sobre su origen. En uno de los más conocidos, Ganesha rompe su propio colmillo y lo usa para seguir escribiendo el Mahābhārata bajo el dictado del sabio Vyāsa, enseñando la sabiduría de perder algo de uno mismo para que algo más grande pueda continuar.
Pero quizás el detalle que más me gusta está a sus pies. Porque el vehículo de esta enorme deidad con cabeza de elefante es...un ratón. Pequeño, inquieto, rapidísimo, capaz de meterse en cualquier parte. El ratón también ha sido interpretado de muchas maneras y una de las más fascinantes lo asocia con el deseo. Esa parte de la mente que corre, quiere algo. Lo consigue y enseguida busca otra cosa para roer.
Ganesha, sin embargo, no mata al ratón, lo cabalga.
Y es difícil encontrar una imagen más eficaz.
El deseo no tiene por qué desaparecer, puede ser gobernado. Podemos desear sin ser arrastrados por lo que deseamos. Podemos disfrutar de las cosas sin entregarles las riendas. Podemos estar en el mundo sin ser devorados por él.
Celebrar a Ganesha
Ganesh Utsav pertenece a una tradición religiosa viva, con prácticas que cambian entre familias, comunidades y territorios. Por lo tanto, no es necesario improvisar una pūjā (ceremonia de ofrenda) de la cual no conocemos los gestos y significados para dedicar un momento a Ganesha.
Podemos hacer algo mucho más sencillo. Quien posea una murti o imagen suya puede preparar un espacio limpio y ofrecer una luz, incienso, flores, agua, fruta o algo dulce. Un gesto de respeto y de presencia.
Uno de los mantras más conocidos dedicados a Ganesha es:
ॐ गं गणपतये नमः
Om Gaṃ Gaṇapataye Namaḥ
Homenaje a Ganapati.
Podemos recitarlo y luego permanecer unos minutos en silencio. Y quizás llevar ante Ganesha algo que, en este momento de nuestra vida, llamamos obstáculo.
Primero podemos mirarlo.
¿Este obstáculo debe ser realmente removido?
¿O me está mostrando algo?
¿Qué deseo me está guiando?
¿Estoy usando las cosas del mundo o son las cosas del mundo las que me usan a mí?
Porque la presencia de Ganesha al inicio de los caminos no tiene por qué convertirse, para nosotros, en la promesa de un camino sin piedras, pero puede recordarnos algo más útil: la importancia de desarrollar el discernimiento necesario para entender qué piedras mover, cuáles rodear y cuáles utilizar para construir el sendero.
Podemos reconocer a Ganesha por lo que representa dentro de una tradición religiosa viva, aunque lejana a nosotros y, desde ahí, escuchar las preguntas que nos trae a los occidentales. Una, sobre todo: ¿cómo podemos vivir en el mundo sin perdernos en el mundo?
Comer. Amar. Ganar. Crear. Desear. Construir una casa. Iniciar un proyecto. Perder algo. Volver a empezar. No huir de la materia. No ser gobernados por ella: habitarla. Y, dentro de todo esto, permanecer presentes.
Quizás Ganesha no es solo aquel que abre el camino.
Quizás puede recordarnos cómo caminar en él.